Bregados en el ‘boom’ de internet, han acabado afianzando una multinacional del mensaje publicitario. Cada año mueven 140 millones, el 40% como mayoristas.
BARCELONA
“Hemos levantado esta empresa a pulso”. Así resumen su aventura emprendedora Marc Bonavia (33 años) y Enric Solé (31), fundadores de SitMobile, una pequeña multinacional del envío de SMS con fines publicitarios o informativos. Bonavia, farmacéutico, y Solé, ingeniero industrial, que además de socios son primos hermanos, se bregaron en la era dorada de internet con una web de comparación de productos de comercio electrónico: “Nos hacía falta tráfico de visitas, así que abrimos una página para el envío de SMS por internet –entonces las operadoras permitían que esa práctica fuese gratuita– desde donde, una vez emitido el mensaje, les llevábamos a nuestra web de búsqueda de ofertas en internet”.
Resultó que el filón estaba en los SMS: empezaron en el 2001 con la gestión de las campañas de envíos de la discoteca Privat de Mataró –Solé y Bonavia son de la cercana Alella– y, ocho años después, mueven 140 millones de SMS al año.
“La cita en un hospital, el localizador de un vuelo, el ingreso de la nómina, una promoción de una tienda de la que seamos socios- –enumeran– toman la forma de un mensaje corto. Gracias a nuestra plataforma esos envíos siempre llegan a tiempo y se pueden personalizar y segmentar según el tipo de público”. Tras años de travesía del desierto, en los que su base de clientes eran sobre todo las discotecas, su tecnología empezó a atraer a las grandes empresas, que cada vez aprecian más las ventajas del marketing directo.
Los fundadores de SitMobile creyeron en una nueva forma de llegar al cliente, para lo que se apoyaron en la informática entendida como herramienta: la antítesis de la mentalidad de los años de borrachera tecnológica, que ellos vivieron, cuando el proyecto con más lentejuelas –y no el más orientado a la demanda del mercado– era el que recibía el dinero. “En aquella primera etapa aprendimos mucho”.
También ha habido curva de aprendizaje en la práctica del offshoring, la subcontratación de trabajos de programación en el extranjero. “En el 2006 compramos una pequeña participación en una firma de Bangalore, en India, pero la cosa no fructificó. En septiembre del 2008 lo volvimos a probar en Kerala. Esta vez íbamos a controlar el 100% de la inversión y a contratar a una persona india que trabajase con nuestra mentalidad: encontramos a Jolly, que trabajaba en Barcelona y ahora dirige una oficina que en apenas seis meses hemos ampliado a 30 personas”. La flamante oficina hace programación y lleva el negocio de venta de SMS al por mayor.


